El cochecito está en el pasillo, un portón está apoyado en la pared y tu perro no tiene ni idea de por qué todo está cambiando. Un recién nacido cambia más que una habitación. Los horarios de paseo, los sonidos, quién está disponible para jugar y dónde puede descansar el perro pueden cambiar. Puedes hacer esos cambios más pequeños empezando antes de que el bebé llegue a casa.
Dogs Trust aconseja introducir gradualmente los cambios probables en lugar de pedir al perro que se adapte a un nuevo bebé y a nuevas normas en casa el mismo día. El objetivo no es un perro que ignore al niño a la orden. Es un hogar donde ambos tengan espacio, cuidados predecibles y límites seguros.
Haz una lista de los cambios que el perro sentirá de verdad
¿Una habitación pasará a estar prohibida? ¿Los paseos se moverán a otra hora? ¿Llegarán visitas más a menudo? ¿El perro tendrá un lugar de descanso distinto? Elige un cambio y practícalo ahora. Si piensas usar un portón para bebés, instálalo mientras puedas quedarte cerca, dale al perro un espacio cómodo de su lado y recompensa los momentos de calma. No cierres el portón por primera vez la noche en que el bebé llega a casa.
Mantén realista la rutina básica del perro. Planifica quién se encargará de las comidas, las salidas para hacer sus necesidades, el ejercicio y el descanso cuando los adultos estén cansados. Un paseo más corto y de olfateo o una búsqueda segura de comida puede ser más fácil de mantener que una salida larga que dependa del tiempo libre de una sola persona. Si otra persona sacará al perro, preséntala y presenta la ruta de antemano.
Deja que tu perro investigue el equipo del bebé en condiciones tranquilas. Recompénsalo por observar relajado. Un cochecito puede estar quieto primero y luego moverse con suavidad mientras el perro tiene espacio. Los sonidos del bebé pueden introducirse con suavidad y brevemente, pero las grabaciones no son motivo para subir el volumen y obligar al perro a aguantarlo. Dale una forma de retirarse.
Crea espacios separados antes de necesitarlos
El perro necesita un lugar de descanso donde los niños y las visitas no lo molesten. El bebé también necesita un espacio sin perro. Instala barreras resistentes y decide quién las cierra. No pongas la comida, el agua o la cama del perro en un lugar que quede inaccesible siempre que el bebé esté allí. Si hay otros niños en casa, explícales que el refugio del perro no es un lugar al que seguirlo.
Nunca dejes juntos a un perro y a un bebé sin supervisión activa de un adulto, por muy tranquilo que haya sido el perro. Si tienes que abrir la puerta, atender una llamada o dormir, sepáralos. Supervisar significa que alguien está lo bastante cerca y prestando atención, no solo en la misma casa. No acerques al bebé al perro para una foto ni hagas que el perro se quede cuando quiere irse.
Qué observar y qué no castigar
Un perro que se aparta, se lame los labios, se pone rígido, se esconde o gruñe muestra incomodidad. Haz espacio. Castigar la advertencia puede eliminar la señal sin eliminar la preocupación de fondo. No des por hecho que un perro tiene que “aprender a querer” el llanto o los movimientos impredecibles. Necesita formas predecibles de alejarse de ellos.
Si tu perro ya protege recursos, ha mordido al aire a niños o muestra un miedo intenso ante el equipo del bebé, habla con tu veterinario y con un profesional del comportamiento cualificado antes de que llegue el bebé. Una lesión o una mordedura requiere medidas de seguridad inmediatas y atención médica. Si el perro parece de repente irritable, un veterinario también debe valorar un posible dolor o enfermedad.
Una primera semana más fácil
Cuando el bebé llegue a casa, mantén los saludos de baja presión. Un adulto puede ocuparse del perro mientras el otro acomoda al bebé. Deja que el perro se acerque solo si está relajado y puede alejarse. Mantén las rutinas y barreras familiares que practicaste. Las visitas deben seguir las mismas normas, aunque piensen que el perro debería presentarse de forma más directa.
Esta semana, elige un cambio que el perro afrontará tras el nacimiento y ensáyalo en una versión pequeña y fácil. La preparación tiene menos que ver con un primer encuentro perfecto que con hacer seguros los días normales para todos. Para saber más sobre cómo preparar el hogar antes del nacimiento, consulta la guía del perro y el nuevo bebé. La supervisión de un adulto y las opciones de separación siguen importando después de que llegue el bebé.
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Elige la que encaje. No se guarda ni se envía nada.
Fuentes y notas de cuidado
Fuentes: Dogs Trust, “How to prepare your dog for a new baby” (cómo preparar a tu perro para un nuevo bebé): https://www.dogstrust.org.uk/dog-advice/life-with-your-dog/at-home/preparing-dog-for-new-baby . Dogs Trust, “Introducing your dog to your new baby” (presentar a tu perro a tu nuevo bebé): https://www.dogstrust.org.uk/dog-advice/life-with-your-dog/at-home/introducing-new-baby.
Este artículo es educación general, no consejo veterinario. Si tu perro parece mal, tiene dolor o algo cambió de repente, llama a tu veterinario. Si podría ser una emergencia, no esperes.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo debemos empezar a prepararlo?
Antes del nacimiento. Los cambios graduales son mejores que pedirle a un perro que acepte un nuevo bebé y nuevas normas en casa el mismo día.
¿Qué cambios debemos listar?
Una habitación que pasa a estar prohibida, paseos que se mueven a otra hora, más visitas y un lugar distinto para descansar. Elige uno y practícalo ahora.
¿Qué espacios debemos crear?
Espacios separados antes de necesitarlos, para que el perro ya tenga un lugar tranquilo cuando llegue el bebé.
¿Qué no debemos castigar?
La preocupación. Observa cómo responde tu perro y no castigues las señales de estrés. El objetivo es un perro que pueda relajarse, no uno que ignore al niño a la orden.
